1# DOÑA MARCIA

Hace unos días como todas las mañanas después de que Ignacio se fuera a trabajar, tengo la rutina  de salir a correr como a eso de las 5am,  dirán que es muy temprano, créanme jamas fui mujer de rutinas y mucho menos a estas horas de la madruga, pero desde que nos casamos me acostumbre a ese horario, siempre había sido una testaruda, floja que se levantaba hasta las 10am, pero ahora después de que Ignacio se iba no podia volver a conciliar el sueño.

Tengo muy poco viviendo en este vecindario, de hecho soy nueva en la ciudad, por lo mismo casi no conozco a la gente de aquí, pero el tiempo que he estado he procurado ser cortez y saludar cada vez que se me atraviesa un vecino.

Ese día  decidí bajar un poco la velocidad y emparejarme al ritmo de Doña Marcia una vecina que siempre había sido amable y sus saludos siempre me hacían sentir especial.  Me saludo, me pregunto que hacia tan temprano corriendo, le conté la historia sobre Ignacio y mis problemas de sueño, ella se sonrió para si, luego comento que le recordaba mucho a su hija, que mi complexión  y color de piel eran muy similares : “Me gustaría que estuviera más cerca “– me dijo con voz tenue y entrecortada.  Yo quise consolarla de alguna manera,  pero lo único que se me ocurrió fue preguntarle sobre su esposo, el había fallecido hace un par de años, no quise preguntar cuantos, de por si la pregunta me había incomodado al no saber que Doña Marcia era viuda : “No te preocupes por preguntar mi niña, ya supere el dolor de la perdida, más no el vacío de  vivir el día a día sin sus besos por la mañana” – La escuchaba atenta, mientras sus ojos se volvían cristalinos y la deje seguir:  Esa es la parte más difícil de sobrellevar, es por ello que decidí levantarme antes de la hora que el solía irse a trabajar, así cuando yo abriera los ojos a las 6am no me recordaría el reloj una y otra vez que mi Esteban no estaba más conmigo” – Nos quedamos en silencio y seguimos caminando, mientras el frio de la mañana se colaba por mi sudadera, siguió el silencio, más no fue incomodo, fue un silencio que compartimos ambas. Quise decirle tantas cosas, pero el simple hecho de caminar a su lado era suficiente para que ella supiera que estaba ahí viendo mi reflejo de mis mañanas y cada beso al despedir a mi Ignacio. Seguimos caminando en silencio y compartiendo ese momento aunque fuéramos unas completas extrañas.

Después de un rato la platica volvió, pero en mi mente siempre estaba la hora, las acciones de Don Esteban hacia Doña Marcia, los besos de Ignacio por la mañana antes de partir al trabajo, los ojos de Doña Marcia empañados al contarme esto.

Terminamos el trayecto y me despedí de ella frente a su casa, le prometí volver a caminar juntas y  me fui con la esperanza de que la siguiente vez me contaría el principio de su hermosa historia de amor.

– Fin

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